«Obligaciones de la memoria»
…«en las artes nada notable puede ocurrir si no se establece relación con los logros del pasado»…                                                                                                                                                                    Sergio Pitol

La memoria como fuente de conocimiento y transformación para acoger lo imprevisible es el tema  que abraza la XVIII edición del Festival Atempo, en su sostenida acción anhelando la irradiación del estro musical, afluente de las íntimas indagaciones  de la vanguardia artística universal en su insondable gesto conectivo con los arcanos de la historia del arte.

El arte como símbolo de emancipación de cualquier postura política, coteja a la memoria como vigoroso instrumento de transformación, dejando de lado ordenes o principios del pasado impropios al presente. Si la memoria nos acosa, el devenir nos libera.  Pero si nos cobija puede asegurar a conciencia el conocimiento y la maestría en los procedimientos de la creación, que articulan rasgos fundamentales del pasado con el presente para su proyección en el devenir de la existencia.

Si el arte se nutre en el conocimiento del pasado, este encarna en la experiencia del presente, en su percepción y valoración del tejido contemporáneo al que se debe la obra de arte. De allí que todas las grandes obras de arte han sido siempre contemporáneas, razón por la cual esta edición del Festival Atempo en el que se estrenarán como es costumbre nuevas obras, es un homenaje a Franz Liszt.
aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaDiógenes Rivas

 

Quienes creemos en la existencia del alma como esencia de lo humano, y por tanto como esencia de la cultura, sabemos también que la memoria trasciende lo individual y habita, a veces plenamente y a veces para incomodidad de todos, en el territorio del inconsciente colectivo. Queramos o no, la historia resuena en nuestra memoria genética y el canto del vendedor del mercado conmueve nuestras almas en una obra para viola y electrónica del compositor italiano contemporáneo Luciano Berio, que escuchamos en Atempo, y en otro contexto Juan Luis Delmont relaciona, por su estructura y refinamiento, una décima llanera con un antiguo poema chino de Li Shang-yin. Pero esto incluso, siendo ya un milagro estético, también lo trasciende.

En este universo del imaginario colectivo todos somos a veces esa gran boca que degusta una concha de mandarina glaseada en un puré de batata dulce y se estremece, en esa suerte de memoria involuntaria que representa la famosa magdalena de Proust. Consciente o inconsciente la memoria es, pues, la materia prima de la cual se nutre la cultura, que viene a ser esa alma común.

Es propicia, pues, esta XVIII edición del Festival Atempo para ejercer la irreductible obligación de recordar, por ejemplo, que Atempo existe gracias a la fidelidad de su público y al aliento incondicional de sus amigos: empresas, instituciones, profesionales, y especialmente a su presidenta, Ninoska Rojas Crespo, quien este año recibe (y no podía ser más merecida) la condecoración «Caballero de la Orden del León de Finlandia» en su Primera Clase. Reconocimiento que le otorga el gobierno de ese país y que es el resultado de una relación largamente macerada entre Atempo y Finlandia.
aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaMaruja Dagnino

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